Padre y dueño del mundo entero,
brinda tu cuerpo y se el alimento de mi familia,
deja fluir la sangre de tus heridas,
aquellas provocadas a golpes de unos ciervos,
y que ésta… Ausente mi sequía.
Le pido señor que no nos apague la luz de su humildad,
que no nos abandone… Ni en la noche, ni en el día,
y rezo como merece por su gran valentía.
Le pido además que sea la cura de una enfermedad que atraviesa mi pequeña hija,
usted sabe que mi hogar es la cueva de una montaña,
donde los caminos son largos e invisibles…
y somos cuatros en la familia.
No tenemos auto, pero si ganas de tenerlo.
Yo se mi señor que usted, fue montado por una enorme cruz
de una madera pintada de sangre,
y se también que se levanto tres veces
a pesar de sus caídas.
Mi hija se esta quedando sin vida,
no llores señor que obstaculizas el camino,
y se lo ruego… Como un favor más que le pido.
Se hace cada vez más imposible alcanzar la clínica,
mi niña quiere dormir y aún hay varias horas
que soportar en este papel de turista.
¿Quien dice? Si hubiera nacido caminante,
estaría en una zona perdida,
pero soy padre de una hija
que necesita de su compañía.
Como la semilla de un fruto…
que no deja de ser su semilla.
Si quieres llevártela espera otro día,
no dejes que el diablo… Penetre en mi vida.
Señor… Mi niña ya no respira y el aire aún existe,
acaba de dejarme por siempre jamás en mis brazos,
murió en el reflejo de mis pupilas,
y las lágrimas no están hechas de mentiras.
Padre y dueño de mundo entero,
brinda de lo que acabas de robarme,
su mejor compañía… Y háblame de ella
como si estuviese en mi vida, aunque…
¿Quien dice? Si hubiera nacido caminante,
estaría en una zona perdida,
pero soy padre de una hija
que necesita de su compañía.
Como la semilla de un fruto…
que no deja de ser su semilla.
Colaboración de
Mauro Espeche
Argentina
